~ La teoría de los trenes ~

Nunca he sido de segundas oportunidades porque siempre he pensado que lo que salió mal, salió mal por algo.
Alguna vez al dejar a alguien he sido la primera que ha pensado que ojalá en un futuro nos cruzáramos y funcionara, tal vez por mantener la esperanza de que volveríamos en algún momento. Pero me parece una mentira piadosa a la que aferrarme cuando todo se acaba, porque a veces aceptar el presente es duro, así que fantaseamos con el futuro.

Pero siendo sincera nunca me han funcionado las 2 oportunidades, ni cuando he vuelto yo, ni cuando han vuelto a por mí.

Hace poco volví a hablar con una chica que era mi crush de hace unos 5 años. Estuvimos tomando algo y se alargó hasta tarde. Cada vez había más intimidad. Se acercaba y yo también. Era interesante jugar con fuego y no quemarme (aún). Pero cuando surgió el momento del beso quise correr. Así que me tocó girar la cara sin ser muy descarada, dar un abrazo rápido e irme a mi casa.

Durante la cita me había dado cuenta de que tal vez había idealizado a mi crush cuando era más joven. O tal vez yo había cambiado. Estuve tranquila durante toda la noche y ella parecía nerviosa. Me vi con mucha más experiencia aún siendo yo más pequeña en edad, y sabía que podía llevar la velada hacia donde quisiera.
La cosa es que… me había divertido y reído bastante, pero ya está. No sentí eso que se supone que debía sentir. Así que decidí no alargarlo más e irme.

Al día siguiente comentándolo entre mis amigas, me preguntaba dónde se habían ido todas esas ganas que sí que había tenido años atrás cuando me gustó tanto. Me molestaba un poco que después de todo al final no me gustara cuando ahora si que se había dado la situación para que surgiera algo más, ya que hace cinco años entre unas cosas y otras no llegó a pasar nada.
Y me hablaron de la teoría de los trenes.

El caso es que… hay trenes de vida y trenes del día a día. Es cierto que pasan trenes cada 5 minutos. Sin embargo, hay trenes que nos llevan hacia una cita importante o a algún lugar o un viaje. Si ese tren lo pierdes puede que llegues tarde a todo lo demás que te está esperando o puede que incluso ni llegues. Son los trenes de nuestra vida. Los que son un acontecimiento. Si pierdes uno le has perdido y no hay más. Es importante que los cojas cuando tienes la oportunidad, porque si los dejas pasar tal vez la pregunta de ¿qué hubiese pasado sí…? Te persiga. Parece ser que los trenes de vida solo pasan una vez o como mucho dos en casos especiales.

Y luego están los trenes del día a día, en principio son trenes sin importancia, pero son los que te llevan a tu rutina de clases o a esas cervezas con tus amigas. Son los trenes que te llevan a los sitios donde eres feliz. Y a veces, estos trenes que sueles coger normalmente, un día los coges con alguien que es especial sin tú saberlo, y es un momento que vas a recordar siempre después.

Ella para mí había sido uno de esos trenes de vida. Algo que en su momento me marcó mucho y recuerdo que me gustó tanto que estaba coladita por ella.
Hace cinco años yo me paré al verla pero ella no se subió. Así que yo seguí y no he vuelto a pasar por su estación aunque ella se haya parado ahora en la mía. Tal vez me he vuelto más de los trenes del día a día, de los que cojo todos los días corriendo porque llego tarde a la universidad y algunos están esperándome con las puertas abiertas y me hacen bajar las escaleras corriendo y otros me dejan en los bancos esperando. Esos trenes que me ven en sudadera y despeinada con mis cascos y mi música, o arreglada porque me voy a tomar unos vinos, esos trenes donde voy repasando cuando tengo examen o con la mochila de deporte.

Y tal vez, algún día uno de esos trenes me acerque a ver a alguien que si me haga sentir fuegos artificiales. O tal vez algún día vuelva a dar un beso de los de verdad al despedirme de alguien de vuelta a casa en uno de sus vagones, y se pare en su estación y antes de que se cierren las puertas yo decida bajarme también. 

Mientras tanto, brindemos porque esta vez no he perdido el tren y he llegado puntual al examen de hoy.

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Porque si tú sí…

》¥ 》#monedajaponessa
~ 🔊▶Vance Joy – we’re going home ~

Una vez me dijeron que tenía la mirada triste pero una sonrisa llena de vida. Y la verdad es que siempre he creído en el poder de la risa. Para mí si alguien te hace reír (y no llorar) es un tesoro y debes cuidarlo, por eso siempre ando haciendo el tonto, porque me gusta hacer reír.

Pero también me encantan esos días de café y libro. De salir de la ducha mientras fuera llueve, hacerme un moño y quedarme en albornoz encima de la cama pensando y escribiendo con música triste de fondo. De mirar los atardeceres desde mi terraza y sentirme bohemia y nostálgica por tiempos pasados.

A veces soy vida, a veces paz y otras un huracan que te arrasa hasta los domingos de sofá.

Y supongo que si alguien se atreve a la locura de quererme, tendrá que lidiar con todo esto.

Porque a veces te agarraré por la calle y saldremos corriendo como si la policía nos siguiera, y no lo entenderás pero lo harás porque es conmigo. Y otras veces te abrazaré en mitad de la noche y aunque sepa que las promesas no existen, te pediré que me prometas que te quedas.

Pero si te atreves a vivir(nos) haremos todas las tormentas nuestras y bajaremos a la calle a bailar(me) el agua cuando nos llueva.

Porque es fácil…

si tú sí, yo también.

Y no hay más.

GRACIAS…

Dicen que cuando te alejas de las cosas que te han hecho daño
y pasa el tiempo,
lo ves todo con otra perspectiva.

Yo me alejé tanto, que acabé haciendo un viaje yo sola por Japón para no saber de ti durante algunos meses. Aprendí a vivir con nuestros recuerdos y volví a encontrarme estando lejos de casa. Reconstruí los cimientos que habíamos destrozado y poco a poco fui viendo la luz al final del túnel.

Hoy he hablado de ti y he sentido que no me dolía el alma como antes.
He sonreído recordando lo bien que se nos daba querernos,
lo fácil que fue todo al principio
y las ganas que teníamos siempre de vernos.

He hablado de aquel día que llenaste todo tu coche de posit
para decirme que querías estar conmigo.
Porque tú cuando hacías algo, lo hacías a lo grande.
De todos los miedos que fuimos superando.
De cuando venías a las 6 de la mañana a mi casa
solo para que yo bajara en pijama
y así me besabas un rato.
De que mi padre me dijo que se te notaba que me querías
por como me mirabas.
De aquel diciembre por las playas del norte corriendo
hasta que me pillabas
y me abrazabas diciéndome que no me escaparía de ti.
La cifra de tus lunares.
Y mirar tus ojos color otoño
bajo las sábanas
mientras fuera hacía frío.
Siempre me encantó que me parabas de repente,
donde fuese,
y me besabas porque tenías simplemente ganas de hacerlo,
y te daba igual todo.

Te lo dije una vez y lo sigo pensando…
Tuvimos suerte de vivir todo aquello.
Porque lo malo ya no importa, y solo me queda lo bueno.
Y ahora que observo nuestros recuerdos
desde la perspectiva del tiempo…
fui muy feliz a tu lado.

Así que gracias,
gracias por todo eso.

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Me quedo contigo

》¥ 》#monedajaponessa
La vida es eso que pasa a quema ropas, como aquel chupito por mi garganta que me tomé con Juan de tequila con limón y sal.
Tan amarga algunas veces.
Con sus idas y venidas.
Sus te dejo pero hemos vuelto.
Sus batallas perdidas.
Las balas que nos disparan,
nos tocan y nos hunden,
porque todos hemos sangrado
alguna vez por amor,
y sino, es que no estás vivo.

Y luego,
otras veces es una rosa
en pleno invierno,
un beso que cura,
o una mirada que nos salva.
Un abrazo a tiempo.

Tan fiestera los domingos
de cañas por malasaña
para acabar en el Tanga
de fiesta hasta las 6am.
Es una cena con todos mis amigos
brindando por estos años
que tal vez sean los mejores
de nuestra vida
sin saberlo.

La vida es eso que se nos escapa de las manos sin darnos cuenta,
un reloj que va restando.
Montaña rusa.
Experiencias.
Destino y casualidades.

Y yo,
a estás alturas de mi vida,
que he pasado por más
naufragios que paraísos.
Acepto la tregua,
y me quedo contigo.♥

Y seas tú en mi mente…

Llevo varios días dándole vueltas a algo, así que ahí va.

El otro día tuvimos una práctica de psicología… consistía en que teníamos que elegir varios casos, y representarlo siendo uno el paciente y otro el médico. Nosotras cogimos un cáncer de mamá, y la profesora tenía que ver como le dabamos la noticia al paciente.

Por suerte hace unos años viví una situación parecida, digo por suerte porque creo que de todas las vivencias malas, pasado un tiempo, sacas lo más bonito de ellas, que es el aprendizaje. Yo aprendí muchas cosas en esa etapa que marcaron mi personalidad.

La primera fue que el tiempo no espera, para nadie, así que tienes que vivir de la forma en que quieres hacerlo. La segunda, fue a perdonar. La tercera, fue que un tequiero nunca llega tarde y siempre cura. Y por último, aprendí que tipo de médico quería ser si llegaba alguna vez a serlo.

Siempre entendemos por ser un buen médico como un experto en la materia, que lo sabe todo o que da con rapidez con la solución o la respuesta. Una eminencia en su terreno.

Pero un buen médico también es alguien que sabe como tratar a un paciente, que se pone en el lugar del otro, sabe dar apoyo y sobre todo escuchar, porque hay mucha gente con necesidad de ser escuchada y entendida.

Y últimamente pienso en ti. En cómo te habría dado aquella noticia que te destrozo tanto y que nos unió más. Y tal vez hay este el secreto de ser un buen médico, en imaginar un trocito de ti en todos los pacientes que tenga y creer que eres tú. Puede que pasen millones de pacientes por tu vida, pero cada persona es única con lo cual, cada paciente también lo es.

Y yo, nunca sabre ser de otro modo que no sea implicándome con todo lo que tengo. Aunque a veces lo pasé mal y otras veces sea la razón por la que me metí a esto.

Porque tal vez algún día pueda curar a alguien

(y seas tú en mi mente)…

El lugar donde huir

》¥ 》#monedajaponessa
Que si algo viene, que sea fácil.
Que yo te mire y que tú lo sientas. Que eso de dejarme en visto porque quieras hacer tiempo, conmigo no lo hagas, o poner excusas para alargar la espera de vernos. Que si algo viene sea a la misma velocidad, en quinta y sin frenos. Nunca me ha durado mucho ir en primera.

Que me creas cuando te digo que tengo ganas de verte y que no te cayes un “te echo de menos” las noches de invierno. Que me llames sin pedir permiso, y al cogértelo me digas que te apetecía hablar conmigo. Que no lo compliquemos, ni tengamos más miedo que ganas. Que seas valiente cuando me quieras y me lo grites sin importarte quien pueda escucharte. Y yo prometo no huir cómo he hecho otras veces y quedarme hasta cuando ni tu madre te aguante.

Que si llamo a tu puerta no preguntes que qué hago ahí, sino simplemente que me abraces, no te vayas y me preguntes que qué me pasa.

Que nos cuidemos sin contratos, sin devoluciones, sin reproches. Que vueles tan alto como tú quieras, y que si decides volver sea por elección propia.

Que no seas mía, porque quiero que seas tuya conmigo.

Que haya besos, muchos, donde tú quieras, pero sobre todo en la frente.

Y que siempre encuentres en mí el lugar donde huir del resto del mundo.

Esos domingos cuando te echo de menos

Eramos de esas parejas que iban besándose por la calle,
por cada esquina,
en cada semáforo en rojo,
o incluso un atasco era una bonita excusa para mirarnos y besarnos.

Siempre nos hicimos aquella promesa
de volver la una a por la otra
si alguna vez lo dejábamos.

Estar contigo en la cama
era como rozar el cielo
y quedarme ahí,
a salvo,
durmiendo en tu clavícula
mientras se me caía la baba en tu pijama
y tú me tirabas fotos.

Pero una noche salí del coche
dando un portazo a todo lo que me había hecho feliz
y que ahora me estaba haciendo sufrir.

Y seguí andando,
                           y ninguna volvió a por la otra.
                                                 Tal vez por orgullo o cabezonería,
                                                                                    o tal vez fue por amor propio.

El caso es que he salido a correr, me he duchado y ahora estoy sola en casa. He llamado al restaurante japonés que tanto nos gustaba y he abierto una botella de vino blanco. He empezado a ver una serie de Netflix y he pensado sin querer en ti.

Siempre pensé que serías esa persona que me salvaría de mis borracheras
y me llevaría a casa,
o que me acompañaría a las bodas,
que estaría en los cumpleaños de mi familia.
Que serías tú con quien acabaría la semana
un domingo por la tarde en casa
con peli y manta,
y que tal vez tendrías el valor de dejar tus agobios
sobre el amor y los para siempres
y te vendrías a vivir conmigo en aquel piso destartalado
que quise alquilar.
Pero no fue así.
Y dejé de creer en nosotras.
Dejé de luchar.

Y ahora…
solo me quedan esos domingos
en los que me traiciono a mi misma
y te echo de menos.